EDWARD SAID Y LA MÚSICA

EDWARD  SAID Y  LA  MÚSICA

Por Rafael Gabás

E. Said

Edward  Said nació en Jerusalén en 1935. Vivió en el Líbano, Egipto y finalmente en EEUU, donde fue catedrático de literatura comparada. Es autor de una vasta obra que trata sobre literatura, diferencias culturales, política, antropología y música. Murió en 2003, reconocido como uno de los pensadores más originales del siglo XX, defensor de los derechos humanos con mayúsculas y contrario al monopolio occidental de los mismos. Independiente, crítico, lúcido, honesto y con una enorme firmeza moral, Said siempre pensó que toda persona pública está obligada a mantener una posición de independencia, oposición y resistencia, ha de ser escéptico e inquisitivo ya que toda actividad crítica que tiene que ver con el estado, con la sociedad y con las transformaciones de la historia no es un acto privado.

Edward Said fue, además de intérprete, un melómano reconocido; escribió libros y artículos acerca del fenómeno musical. Echó en falta y denunció el vacío enorme que había en la estética musical, vacío mayor si cabe tras la muerte en 1969 de Theodor W. Adorno, una de las referencias más importantes en este campo, si no la que más.

Fue un pianista notable e interpretaba este instrumento cuanto podía. Tuvo asimismo una gran amistad con Daniel Barenboim (pianista judío) con el que mantuvo una relación cordial que les valió a ambos insultos y algunos intentos de agresión; Fundaron conjuntamente el llamado East-Western Divan, orquesta-taller para músicos árabes e israelíes con la que dieron algunos conciertos.

Said siempre pensó que la música y la cultura están estrechamente ligadas al devenir socio-político, y el papel de la música,  especialmente la clásica, rebasa  el ámbito individual, académico y cerrado que parece caracterizarla. Criticó su papel preponderante sobre las músicas no occidentales, el rol marginal de la mujer, la censura de Wagner en Israel, estudiando en profundidad diferentes compositores e intérpretes.

Muchos pensadores han analizado todo aquello que rodea el fenómeno musical, cómo se produce, cómo se valora, cómo influye en nosotros, qué pasiones despierta, etc., sin llegar nunca a ninguna conclusión general aceptable. Si damos un repaso histórico, para Platón la música era educación y sabiduría, para Aristóteles simplemente pasatiempo y placer, para S. Agustín era una ciencia que actuaba conforme a las leyes del número (idea pitagórica), para Leibniz muestra un equilibrio entre los sentidos y la razón, Shopenhauer se refirió a la música como la más importante de todas las artes, símbolo de las aspiraciones más sublimes del ser humano. E. Hanslick la  definió como un arte asemántico, es decir no representa nada. Según Adorno (bajo mi punto de vista la figura más importante dentro de la estética musical), no podemos conformarnos con definirla como un reflejo superestructural de la estructura económica de la sociedad (marxismo) ni como un objeto autónomo y ajeno (romanticismo): se produce una contradicción recíproca.

Un punto de mira constante en su obra fue Glenn Gould, quien es, en opinión de muchos, el mejor pianista de la historia; para Said el aislamiento, la descontextualización, la reclusión del intérprete durante 10 años y cierto autoritarismo autorial, tienen componentes asombrosos, cuasi paródicos. El arte debe contextualizarse, es algo mundano que se dirige a quien quiera ser partícipe y las obras solamente se acaban  cuando lectores, oyentes y público en general participan de ellas. Escribió ampliamente acerca de la obra de Bach (la repetición bachiana muestra la persistencia humana, no la originalidad divina), Haydn, Mozart(a quien trató injustamente ,en mi opinión, por su actitud servil), Beethoven (el primer músico que dio la espalda a la corte y al mundo eclesiástico),Bruckner, Wagner, Stravinsky y Schönberg, entre otros muchos.

Para Said en la música se producía una antinomia; por un lado como una experiencia intensa, solitaria y subjetiva para el oyente y por otro, punto de encuentro social, donde está implicado el mundo cultural y social. La antinomia tiene una difícil salida, por no decir imposible, ya que por una parte la sociedad se apropia de la música porque sirve para fines sociales, pero por otra la música nos asegura placeres solitarios y tiene un enorme poder sobre cada uno de nosotros como individuos (indudablemente hay algo farragoso y contradictorio en esta antinomia).

Resumiendo, y a modo de conclusión, me gustaría añadir que Said me ha impresionado desde hace muchos años, primero como ser humano y segundo como pensador abierto y crítico. Se percibe, no obstante, cierta contradicción a la hora de definir su visión de la música y los músicos occidentales (clásicos); por un lado la visión romántica de la misma, como una experiencia subjetiva tanto para el que la produce como para el que la escucha; por otro, una visión contraria, protomarxista, que ve en ella un acontecimiento público, que se nutre de la sociedad y que es fruto de la misma. Es verdaderamente preciso describiendo la soledad e individualidad de muchos músicos eludiendo la apropiación social de la obra de arte, pero es más ambiguo explicando cómo sirve a fines sociales y cómo la sociedad influye en el artista… ¿Si la música es un acontecimiento público y artista y sociedad están envueltos en un constante proceso de retroalimentación…¿Cómo explicamos la profunda fractura que se da hoy en día entre compositores, músicos y público?

Orquesta West-Eastern Divan
Fundación Said – Baremboim

Una respuesta a “EDWARD SAID Y LA MÚSICA”

  1. Muy bien Rafa.
    Yo también reivindico el humanismo de E. W. Said, nada reñido con su compromiso social permanente. Para los curiosos de su obra recomendaría las “Elaboraciones musicales. Ensayos sobre música clásica” que editó Debate en el 2007 con un lenguaje asequible y preciso.

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