La música en la literatura

Música y literatura. W. Harnett

BUENO, atendiendo la invitación a participar en nuestra página que ha cursado nuestro director he actualizado la lista de novelas “musicales” que en tiempos ya circulé erigiéndome en crítico musical –por supuesto, con permiso de nuestra profe de Lengua y Literatura -. Espero que para estas vacaciones,  y las que vengan, esta pequeña selección de novelas de temática apropiada,  musical claro está, nos permita seguir en la literatura los buenos momentos de nuestros ensayos y conciertos.

         José Luis Bartolomé

  • La ópera de Vigàta, de Andrea Camilleri. Ed. Destino, colección Áncora y Delfín

Lo mejor que se me ocurre para describir esta novela es “descojonante”. Camilleri es un autor siciliano famoso por la serie de novelas policíacas del comisario Montalbano – bautizado así en honor a Manuel Vázquez Montalbán- . Pero esta novela es “histórica” y refleja  las “vicisitudes” que se producen en una pequeña ciudad del sur de Italia a finales del siglo XIX con motivo de la inauguración de su teatro de Opera y de la ópera seleccionada con tal motivo,  que es el desencadenante de todo lo que pasa y la excusa para trazar una, repito, descojonante historia donde no falta de nada: sexo y cuernos, compañías de ópera de provincias, caciquismo político y revolución social y todo ello en la Italia profunda, vamos como en España pero con la diferencia que las rivalidades no son por los equipos de fútbol sino por los compositores musicales y sus óperas. Diferencia apreciable por otra parte.

  • Un asesinato musical, de Batya Gur. Ed. Siruela

La trama se desarrolla en el Israel actual, lo que tiene también su punto curioso. Michael Ohayon es un detective culto que entabla amistad, y algo más, con una chelista perteneciente a una familia de músicos de fama internacional y que toca en una orquesta – donde no se interpreta a Wagner, claró está –. Profesionalmente se ve implicado en la investigación de un inesperado caso de doble asesinato que afecta el entorno de su nueva amiga lo que puede “contaminar” su objetividad. Dato curioso : ¿puede una cuerda de violonchello ser un instrumento mortal?. La novela despeja la duda. La trama de los asesinatos tiene que ver con el descubrimiento de la partitura de un antiguo réquiem barroco aunque la novela describe muy bien las interioridades de una gran orquesta y las personalidades –complicadas, para que vamos a engañarnos que ya sabemos cómo somos nosotros- , de los músicos y de la familia de la chelista en especial: todos ellos músicos -¡Qué cruz!–. Aunque llegar al asesinato por la música.

  • Concierto barroco, de Alejo Carpentier. Alianza Editorial

Un clásico. Es una novela corta que se lee en una tarde. Surrealista en la imposible reunión que durante unos carnavales de Venecia tienen el sajón Haendel y el cura “rojo”, Vivaldi, -no era cura obrero, sino pelirrojo- con sus alegres discípulas del Ospedale della Pietá. Lo curioso es el lenguaje descriptivo del cubano Carpentier que suena más a reggeaton que a barroco. Una mezcla curiosa: fusion que dirían los modernos.

  • Muerte en la Fenice, de Donna Leon. Seix Barral

Una policíaca de categoría. Como todas las novelas de esta brillante autora la trama ocurre en Venecia y el protagonista, el Comisario Guido Brunetti debe investigar una muerte acaecida justo en el descanso de una representación de ópera en La Fenice – el maravilloso teatro de Venecia -. El pobre comisario se enfrenta a directores de orquesta ególatras que chocan contra divas no menos orgullosas. Todo muy bien narrado con el detalle psicológico de los personajes, la bien dosificada intriga y el incomparable marco de la ciudad de la laguna como telón de fondo.

  • La partitura, de Felipe Hernández. Ed. Seix Barral

Un poco rara esta novela: dos músicos – un profesor de conservatorio mayor y un joven compositor – hacen un extraño pacto para componer una partitura muy especial. El joven lo pasa fatal con el encargo y le ocurren las mil perrerías. Podría ser una reflexión sobre el acto de la creación de la composición…. Pero no sé….. ocurren otras cosas raras ( por ejemplo unas peleas de perros….). Sexo… el justico: el músico tiene novia pero acaba rompiendo por culpa de la composición. No sé… la verdad es que cuando la leí me desconcertó un poco….

  • Obertura francesa, de Luis Manuel Ruiz. Ed. Anagrama

Esta es más freaki  todavía. Nada más y nada menos que un ensayo para crear un clon de Bach, que resulta que al final se escapa de un sitio que parece el Internado de Antena 3 ( ¿os acordáis?) y va por ahí tocando jazz. Ah! Y un joven músico que se mete en todo el follón para rescatar al personaje – ya que todo lo que tiene de genio musical le falta de “sustancia” como dirían en el pueblo- . Por supuesto también hay chica… la novia del músico.

  • El pianista, de Manuel Vázquez Montalbán. Ed. Planeta

Buena novela en la línea de MVM. La trayectoria paralela de dos músicos amigos, durante sus años de estudio, en los años veinte del siglo idem, en Barcelona y en París, y que se convierte en divergente a partir del puesto que cada uno de ellos decide ocupar en la guerra civil. Ya os podéis imaginar quien pierde y quien gana. Escrita con la mezcla de sensibilidad e ironía tan propia de su autor.

  • El enigma Vivaldi, de Peter Harris. Ed. Debolsillo

La típica novela en la que un joven musicólogo que investiga en Venecia – ¡otra vez Venecia!- encuentra la pista de una composición de Vivaldi que revelará un secreto que hará cambiar la historia. En fin lo de siempre, en la línea de El Código Da Vinci pero con Vivaldi -y sin templarios de por medio aunque sí con el Vaticano dando por ahí – . Si el cura rojo levantase la cabeza… ¡si él lo único que hizo fue componer cuatrocientas veces el mismo concierto! Para pasar un ratillo.

  • El violín negro, de Maxence Fermine. Ed. Anagrama

¡ Otra vez en Venecia!. No sé si esto es una guía de novelas musicales o un folleto turístico de la capital del Véneto. Bueno aquí la ciudad no es al menos la protagonista. El protagonista es un luthier. La historia se asemeja a la de la película del violín rojo – qué buena película y qué buena música la de la banda de John Corigliano – . Hay un secreto en la construcción de un violín….. Novela corta, escrita con un estilo intimista….. nada de acción y nada de sexo…. Sólo amor.

  • El afinador de pianos, de Daniel Mason. Ed. Salamandra

Es la odisea de un afinador de pianos londinense que viaja a la Birmania colonial – ahora se llama Myanmar u algo así –  con una extraña encomienda que sólo pudo ocurrírsele a la retorcida y perversa diplomacia británica , el “foreigh office”. Novela romántica, melancólica, sencilla y al mismo tiempo abierta a las aventuras y los horizontes exóticos….. Todo con un toque muy “british”. (O sea todo lo contrario de la reseñada en el número uno). Muy bien escrita, la propia escritura tiene un tempo peculiar  – un swing – que hace disfrutar de su lectura. Lo siento pero aquí no hay cuerdas frotadas, la cosa va de un Stenway y tal …( ¡percusionistas! ).

  • Una música constante, de Vikram Seth. Ed. Anagrama

Pedazo novelón. Magnífica. Por fín, la pareja son los dos músicos. Ella, Julia, pianista. Él, Michael, violinista. La actual ciudad de Londres, muy bien descrita, como marco de la acción. Perfectamente reflejada la vida de un cuarteto – de cuerda – del que él forma parte, las relaciones personales entre los músicos y el ambiente que los rodea. La evocación también de Viena y Venecia como lugares donde se desarrolló la relación de la pareja durante su época estudiantil y sus escapadas románticas. Representantes y managers, luthiers, críticos, compositores, alumnos y alumnas ( o alumnado para ser genéricamente neutro y políticamente correcto) van formando un coro de personajes perfectamente engarzados con los protagonistas. Una novela donde hay de todo y sobre todo….. música: Schubert, El arte de la fuga de Bach, Brahms…

  • El malogrado, de Thomas Bernhard. Ed. Alfaguara

Bernhard es uno de los escritores malditos y al mismo tiempo más importantes de la literatura en lengua alemana contemporánea. Escritura experimental de un gran autor sobre el genio de un pianista y la opresión que para su carácter supone enfrentarse a la música y la sociedad vienesa. Tres pianistas, uno de ellos nada más y nada menos que Glenn Gould estudian en el Mozarteum de Salzburgo con Horowitz. Desde esa situación ficticia el autor recrea una reflexión-monólogo – todo el libro es así – de uno de ellos. Un poco de paciencia sí que hace falta para terminarlo. No hay capítulos, por no haber no hay ni un sólo punto y aparte…… En fín, densa y existencialmente musical.

  • Mozart de viaje a Praga, de Eduard Mórike. Ellago Ediciones

Mórike es un importante escritor romántico. Esta breve novela es de 1856 y es una interesante forma de aproximación psicológica a Mozart desde una visión romántica e historicista del siglo XIX. Curiosa, y se lee en un voleo.

  • El pianista del guetto de Varsovia, de Wladyslaw Szpilman. Amaranto Editores

Aunque hayáis visto la película con el exnovio de Elsa Pataky de prota el libro es tremendo. No leer si se está depre…..Lo más fuerte es que está escrito por el mismo pianista, que pudo rehacer su vida como concertista y Director musical de Radio Varsovia desde 1945 a 1963 y que ya lo publicó en Polonia en 1946 aunque sólo se hizo famoso con su reciente traducción, y luego vino la peli y todo lo demás. Sucede durante la segunda guerra mundial y narra la resistencia-supervivencia sobrecogedora del pobre pianista en la ocupada Varsovia nazi hasta la liberación de la ciudad por el ejército soviético. Mu fuerte….

  • La décima sinfonía, de Joseph Gellinek. Ed. Debolsillo

El tal Gellinek es el seudónimo de un crítico musical. Y se nota. La intriga está muy bien planteada en torno a la búsqueda de la partitura de lo que pudo ser la décima sinfonía del gran Beethoven. Ambientada en la España actual por lo que aparecen famosos y famosillos, periodistas, políticos, jueces….nuestra formación social en plena corrupción. Sin embargo hay muchos – y ocurrentes – “guiños” musicales a lo largo de la narración que se agradecen y “elevan” la por otra parte conseguida trama policial. Vamos que el autor sabe de qué va la cosa musical. Atrapa en su lectura, atrapa, y el final….. inesperado….

  • El violín del diablo, de Joseph Gellinek. Ed. Plaza y Janés

En la línea de la anterior. El mismo autor y tampoco defrauda. Atrapa en su intriga. La verdad es que es un buen pasatiempo para unos días de vacaciones….Aquí el prota, el objeto del delito que desencadena una complicada acción es un Stradivarius ¿o es un Guarnieri?. Bueno, que vale mucha pasta y además conduce, inexorablemente, a la muerte a quien lo toca…..Asesinada la actual violinista propietaria  en pleno Auditorio Nacional, la mitad de los miembros de la orquesta se convierten en sospechosos…y ahí empiezan las pesquisas que se remontan hasta la vida atormentada de Niccolo Paganini y del pacto que, sostenían, mantenía con el diablo para poder tocar con el virtuosismo que lo hacía.

  • Sabor a chocolate, de José Carlos Carmona. Ed. Punto de lectura

Un pequeño libro que se lee en una sentada y que narra brevemente una historia de amor que discurre desde el año 1922 hasta el 2001 entre un artesano del chocolate y una violonchelista, hija de un director de orquesta, hermana de pianista, amiga de cantante, tía de violinista…..Vamos, que toda la familia política del protagonista, el chocolatero, está metida en la música lo que seguramente explica el despiste que envuelve al mismo en su trato con ellos y las experiencias en las que ,a su pesar, interviene. (¡¡ Pero alma cándida, a quien se le ocurre mezclarse con músicos sin serlo !!) La acción discurre entre Suiza y Estados Unidos y abarca un siglo convulso – el XX naturalmente – que sirve como marco en el que desenvolver una trama de sentimientos y relaciones humanas que están condicionados o filtrados, siempre, a través de la presencia de la música.

  • Sabor a canela, de José Carlos Carmona. Ed. Planeta

Del estilo anterior aunque aquí la protagonista de la novela (femenina) sí que es una violonchelista con aspiraciones a directora de orquesta a la que una accidentada peripecia vital – en la que no faltan episodios/dramones lacrimógenos dignos del serial más dramático- le provoca alternar momentos de encuentros y desencuentros con la música. Un poco más extenso que el anterior es también candidato a poder ser leído de una sola tirada en una tarde donde no haya otra perspectiva mejor que practicar. A diferencia de Gellinek el autor no muestra excesivos conocimientos prácticos musicales. Aquí la música es el telón de fondo de  las experiencias vitales de los protagonistas narradas con sencillez y con un pelín – a mi entender – de ñoñería. Por supuesto, me niego a caer en el topicazo de decir que es literatura femenina…

  • El tercer concierto, de José Luis Rodríguez García. Ed. Eclipsados

Aquí tenemos un autor familiar, Catedrático de Historia de la Filosofia en la Uni de Zaragoza. La verdad es que yo no sabía de él desde los tiempos de los mítines revolucionarios. Y sí, se desenvuelve tan bien con la novela histórica como lo hacía con el materialismo histórico, y en ambos casos con un toque de experimentación y heterodoxia. Va narrando los últimos días de Chopin en su piso de plaza Vandôme de Paris. En la agonía de su enfermedad repasa sus recuerdos…- los acontecimientos más significativos de su biografía – y por su casa van desfilando los personajes de su vida que son también los de la Historia de la Europa del XIX. Y no, a pesar del título, no es que exista un tercer concierto para piano póstumo cuyo descubrimiento de pie a una complicada trama policial… No, esta vez la novela va de cosa introspectiva, aunque la construcción y el lenguaje empleados exigen poner atención…

  • Un invierno en Mallorca, de George Sand. Varias editoriales

Y hablando de Chopin he aquí la narración de su estancia en Mallorca durante el invierno 1838-1839 contada en primera persona por la que era su “acompañante”, la escritora George Sand. Podemos comprobar que el tópico que tienen en Europa sobre España: “Qué bonita sería España sin los españoles” tenía ya depuradas y finas expresiones literarias a mediados del siglo XIX y es que junto a las bellas descripciones del paisaje, la naturaleza y los monumentos de la isla se acompaña también la cruda narración del fenotipo torvo y la actitud nada edificante de los isleños… ¡¡Cuántas putadas les hicieron a esa pareja de “extranjeros” y “artistas” que además vivían juntos sin haberse casado!! En fin, que hasta en Uganda les hubieran tratado mejor….Retrato veraz de la España profunda sufrida por el propio Chopin.

  • El violinista de Praga, de Michael Crane. Ed. Debolsillo

 Mozart ya ha llegado a Praga, o sea que pillamos la época a continuación de la novela de Mórike, con la diferencia de que aquella era buena literatura y esta es …evasión ( vamos a dejarlo ahí ). Otra de asesinatos en masa durante la estancia de Mozart en Praga en el otoño de 1787 – qué poco le quedaba al pobre – con motivo del estreno de Don Giovanni. Intrigas por doquier en un coctail de asesinatos, sectas, conspiraciones políticas…. y el bueno de Wolfi por allí en medio haciendo el canelo como si la cosa no fuera con él. ( inciso:  ¡¡ Cuánto daño ha hecho la película Amadeus en la visión caricaturizada y frívola que ahora tenemos de Mozart!! Alguien que compone ese Réquiem o ese Adagio y Fuga en Do menor que interpretamos, ¿os acordáis?,  no podía ser tal “sinsustancia” por mucho que Hollywood se empeñe… )  Y sí, compañeros/as, lamento descifraros el final pero el asesino….era violinista !!  (¡es que sabemos hacer de todo!).

  • Púrpura profundo, de Mayra Montero. Ed. Tusquets, colección La sonrisa vertical

 Ya tocaba – en el sentido ordinal del verbo – una novela erótica pura y dura – en el sentido de auténtica – . ¿o es que los músicos no tenemos “sentimientos”?.  En este caso asistimos a las memorias de un crítico musical que más que preocuparse por las formas musicales se preocupó durante su dilatada carrera de las formas de los/las ejecutantes. Vamos que más que las oberturas le iban las aberturas.  Y así desfilan las conquistas musicales del ínclito pichabrava: una violinista caribeña,  un pianista ( el crítico le daba a todo y no distinguía “cuerdas” ) , una trompista, una celestista y, para terminar, otra violinista ( parece que las violinistas son más fáciles….) Vamos un sinvivir…de timbres y texturas musicales  narradas con todo lujo de detalles en un tono Mayor

  • Novecento, la leyenda del pianista en el océano, de Alessandro Baricco. Ed. Anagrama

Al principio fue un monólogo teatral, que luego fue llevado al cine y que el mismo autor acabó convirtiendo en una novela corta. A pesar del título no tiene relación con la famosa película del compañero Bertolucci y la no menos famosa música del compañero Morricone. ( Oh tempora , oh mores…  obreros y campesinos en la lucha final…) . En esta novela, Novecento es el nombre del pianista del trasatlántico Virgina que a principios del siglo XX hacía el trayecto entre Europa y New York. Vive sólo por y para la música, que toca en solitario o en compañía de la orquesta del barco. Sin música y sin barco no es persona y ahí está la narración de su vida. Está bien y se lee también en un ratico. Baricco es un novelista italiano bastante conocido y que también ejerce de crítico musical ( aunque esto va de novelas os recomiendo, de paso, su provocador ensayo “El espíritu de Hegel y las vacas de Wisconsin, una reflexión sobre la música culta y la modernidad).

  • El recreo de los perdidos, de Israel David Martinez. Ed. Lulu

Tengo que advertir que como el autor es amigo, mi reseña es muy personal aunque siempre es una ventaja conocer al artista. Compositor y profesor que ha sido en varios Conservatorios – ahora en el del Liceu – el cachondo de Israel – que vive desde hace años en Jaca – se ha descarado con una novela tipo coral donde un rebaño de personajes en el Londres actual van tejiendo vivencias (y más de una extravagancia) alrededor del estreno de un cuarteto de cuerda compuesto por el protagonista central. Las reflexiones sobre la composición, la presentación pública de la misma, el papel que juegan en este mundo los propios compositores, los músicos ejecutantes, los directores ( “los cachondos del palito”)… es la parte seria de la novela (y no cabe duda que se trasluce la propia experiencia y el conocimiento de primera mano del ambiente descrito que tiene el autor). La caracterización y las aventuras de los disparatados personajes que van apareciendo no es menos interesante y ayuda a leerla con una permanente hilaridad. Para más información: www.israeldavidmartinez.com

  • Las joyas del paraíso, de Donna Leon. Seix Barral

 La creadora de las historias policiacas del comisario Brunetti ( ver la anterior reseña de “Muerte en La Fenice”) abandona la saga para narrar la investigación musicológica que emprende la protagonista en torno a unos baúles con documentación del músico Agostino Steffani (finales del XVII y principios del XVIII). Steffani fue un músico real y los datos de su biografía jalonan las pesquisas sobre su legado de la joven musicóloga. La acción transcurre, como no, en Venecia, paisaje y paisanaje que Donna Leon describe a la perfección. Al final el legado tenía una sorpresa…En la contraportada de la edición se lee “una trama magistral, como la mejor aria, la partitura perfecta, aquella en la que cada nota, cada protagonista, esconde su propio secreto”. Pues eso.

  • La camarera de Bach, de Antonio Gómez Rufo. Ed. Planeta

La protagonista es una jovencita que entra a servir en la casa de J.S .Bach justo el año de su muerte, 1750. El capítulo I narra la convivencia entre el compositor, la criada protagonista y el resto de la familia que, a decir verdad no sale muy bien parada. Al viejo Bach hasta le da tiempo también de hacerle una criaturita a la camarera, vástago putativo a sumar por tanto a los veinte hijos que ya tuvo el Bach real. A partir de la muerte del músico ocasionada por la desafortunada intervención ocular, los otros nueve capítulos se dedican íntegramente a la vida de la criada por lo que, en realidad, la tal camarera podría haberlo sido perfectamente de Kant, de Voltaire o de Haendel sin que la novela hubiera cambiado un ápice. Sí que pasa que uno de los hijos de Dios – de verdad – Johann Christoph Friedrich, que también fue músico pero no tan importante como Karl Philipp Emmanuel o Johann Cristhian, aparece regularmente con cierto protagonismo alrededor de la criada – que acaba siendo una gran, y revolucionaria, dama – pero poco más de “música” se extrae del texto. Novela con pretensiones historicistas que sin embargo comete imperdonables errores en las escasas referencias a la música que contiene como, por ejemplo, que los protagonistas se refieran a las obras de Johann Sebastián con su número de catálogo BWV (¡que es de 1950!) o con sobrenombres de las obras otorgados muy posteriormente aunque el mayor pufo es que la protagonista y su esposo acudan en 1757 a la ópera de Viena nada menos que a escuchar una ópera de Verdi (¡…!)  eso sin contar con otras pifias históricas como colocar a la protagonista paseando por los grandes boulevares de Paris cuando faltaban todavía cien años para que Haussmann los urbanizase. En fin, está claro que entre los amigos del autor que pudieron leer el manuscrito no había ningún músico.

  • Los tres violines de Ruven Preuk, de Svenja Leiber. Ed. Malpaso

El protagonista es un violinista que gracias al violín logra salir/escapar del agobiante ambiente rural de la Alemania profunda de principios del siglo XX pero que tiene que unir su destino al de su país… la música puede liberar…. pero no de todo ni de todos, ¡que más quisiéramos los músicos!. Y es que cuando la música acaba la realidad sigue ahí – ¡ y menuda realidad1 – ; ese es el problema para el pobre Ruven. Los tres violines del título son los que el músico tiene, y conserva, a lo largo de su carrera. Cada uno de ellos está relacionado con una mujer por lo que la vida del músico se asocia a esos tres violines y los respectivos amores y vivencias que los acompañan. El estilo narrativo engancha porque no se pierde en vericuetos ni adornos, es preciso y acertado, rigurosamente prusiano como la realidad social y artística que tan bien describe.

  • El viaje a pie de Johann Sebastián, de Carlos Pardo. Ed. Periferica

La estructura de la novela es desconcertante. Bueno, en realidad son dos novelas. La descripción de la decadencia de una familia del Madrid de hoy, bastante desestructurada, por no decir excéntrica de raso, envuelve en el sentido literal otra pequeña novela que narra el viaje a pie que hizo el joven Johann Sebastian Bach, siendo ya organista y maestro de capilla en Arnstadt, su primer “destino”, a Lübeck para conocer al maestro Buxtehude. ¿Tiene algo que ver una cosa con otra? Pues no. Yo creo que el autor tenía preparadas las dos y cómo sólo le publicaban un libro hizo una yuxtaposición…en realidad el viaje de Bach no aparece hasta la página 105 pero prescindiendo del resto de la novela es una pequeña joya. Contiene una lograda recreación del viaje iniciático del joven músico por la extensa Alemania, que no era tal entonces por supuesto, hasta llegar y permanecer una temporada en casa del gran maestro Buxtehude. Omite la repetida anécdota de que el viejo transmitía su cargo musical a quien casara con su hija, que no debía ir sobrada de encantos, y describe con credibilidad las inquietudes personales y musicales del joven Bach.

  • Sangre o amor, de Donna León. Ed. Seix Barral

Otra vez Donna Leon, que no deja de ser una de las autoras más leídas internacionalmente, y que como reconocida melómana que es vuelve a recuperar, varios años después, a parte de los protagonistas de la Muerte en la Fenice (ya comentada); en concreto, a la soprano protagonista “acosada” esta vez por una desequilibrada admiradora que quiere llegar muy lejos…. Aunque también esta vez el commissario Brunetti – el nombre como no, es de un músico italiano del XVIII – lo podrá evitar interviniendo en el mismo escenario. Toda la acción transcurre entre las bambalinas de las representaciones de la ópera Tosca en el Teatro de la Fenice de Venecia, así que uno mientras lee entretenidamente y se sumerge en la trama va recordando, inevitablemente, la banda sonora de la impactante orquestación pucciniana.

  • Sonata a Kreutzer, de Leon Tolstói. Ed. Acantilado

El tremendismo ruso en general, y el de Tolstói en particular, se reflejan en esta pequeña novela que retrata un crimen pasional donde la música – y en concreto la sonata beethoveniana que todos hemos estudiado que da título a la novela – actúa como desencadenante. Intenso relato donde el protagonista, con unos argumentos que hoy en día nos parecen francamente delirantes o aborrecibles describe y justifica el asesinato de su esposa, que como buena dama de la clase alta rusa era pianista. Parece que Tolstoi lleva al extremo violento los valores burgueses de la clase dominante en su época para dejar evidente su pobreza moral y su hipocresía social, y desde luego lo hace con toda crudeza descriptiva. Quizá lo de menos sea la aparición del amante de la esposa aunque su descripción sea de nota: “Era un mal tipejo…Sí señor mío, era músico, violinista; no un músico profesional, sino semiprofesional, una persona medio pública”. Lo cierto es que el bestia del marido, engañado por la comunión que la música propicia entre su esposa y ese tipejo violinista, no puede reaccionar sino a la tremenda. No está mal la explicación de la contraportada en la edición comentada: “la música actúa como el cuchillo del asesino: ambos rasgan el velo de las apariencias, abriendo una grieta por la que irrumpen potencias imposibles de controlar”. Para contener el aliento y pensarse dos veces lo de hacer música de cámara con la mujer del prójimo.

  • El ruido del tiempo, de Julian Barnes. Ed. Anagrama

¿Os imagináis una novela en que Bach apareciese como un cobarde pusilánime, superado por la opresión de su entorno, obligado a componer música religiosa que en el fondo detestaba? ¿Disparatada hipótesis? pues esa es, trasladada de personaje y entorno, la esencia de este libro. Claro que si el músico es Shostakovich y su entorno la Unión Soviética entonces se perdona cualquier licencia o manipulación por disparatada que sea… ¡¡ pero la guerra fría ya terminó compañero y hasta tu paisano James Bond ha cambiado de malos malísimos!!. Y es que, siguiendo con el ejemplo, igual que no hace falta ser un beato pietista para reconocer la genialidad de Bach no se necesita ser stalinista para reconocer la genialidad de Shostakovich… pero ni aun así. El reconocido novelista británico reinventa la vida del músico soviético desde algunos episodios aislados que se difundieron ampliamente tras su muerte en 1975,como parte de la propaganda política occidental, a partir de una “autobiografía” que un tal Volkov publicó en Londres en 1978 retratando a un Shostakovich “disidente”; y aunque luego la propia familia y amigos del compositor desmintieran lo publicado y asegurasen que el tal Volkov no había estado con Shostakovich ni diez minutos en toda su vida, el bulo ya estaba lanzado, el pseudo-personaje construido y, adaptado al canon cultural capitalista, habitaba entre nosotros. Lo que musicalmente era innegable: la primacía de un músico comunista, Shostakovich, en el panorama artístico del siglo XX se convertía así en “políticamente correcto”. Así, despojándole de su esencia comunista, podía pasar a ser parte de “los nuestros” y en eso continuamos: inventándonos un Bach ateo. Por supuesto, la novela no profundiza en la extensa obra musical de Dimitri, aunque tiene perlas como que la quinta sinfonía la acabó con un acorde en Do mayor “como burla al régimen”…(sic). Episodios como la composición y estreno durante el cerco de Leningrado en la SGM de la sinfonía homónima, su más impactante experiencia vital, no merecen atención, ni todo el resto de sus composiciones para películas y ballets, producción sinfónica, camerística, operística – con excepción de Lady Macbeth cuya famosa crítica negativa en Pravda, similar por otra parte a la que dispensó a la obra nuestra prensa “occidental” que lo llamó el “principal compositor de música pornográfica de la historia”, dato omitido en la novela, se eleva a ejemplo de la represión brutal que habría sufrido el compositor- . Tampoco se menciona el importante dato vital de que llegó a ser Presidente de la unión de compositores y diputado en el Soviet de Rusia y en el Soviet Supremo de la URSS; lo que demostraría lo “reprimido” que estuvo.

Según el autor nada de lo que nos legó Shostakovich es sincero y auténtico. En el fondo detestaba lo que hacía, así que hay que suponer que cuando componía esos monumentos sinfónicos que dedicaba a la revolución de octubre o al 1 de mayo, lo que “en realidad” – en el “Subtexto” que dirían los modernos – hacía era ensalzar la “economía de mercado” y la “flexibilidad laboral”, por poner dos ejemplos locos…. Musicalmente la novela no aporta nada interesante, se nota que Barnes no posee conocimientos musicales, y el retrato del compositor es totalmente tendencioso. Junto a un Prokofiev a quien el autor se permite despachar directamente como “idiota” (¡!) Shostakovich aparece como un pobre hombre cobarde, que no tuvo el valor para provocar que lo hubieran reprimido de verdad, deseo al que hubiera aspirado el novelista para poder construir el personaje que quiere….pero las cosas fueron como fueron… y sí: Bach fue luterano, y sí: Shostakovich fue comunista.

  • Música de la Memoria, de Xabier Guell. Ed. Galaxia Gutenberg

Xabier Guell es director de orquesta y la Música de la memoria es una novela formada por un conjunto de semblanzas que como si fueran confesiones autobiográficas van narrando en primera persona los propios protagonistas: Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Liszt, Wagner y Mahler. Los grandes del siglo XIX, los exponentes del romanticismo alemán y de los cambios que preludian su convulsionado siglo XX. Pero los testimonios que el novelista recrea sobre la vida y la creación parten de acontecimientos de la vida de los compositores, en parte reales y en parte ficción, muy personales e íntimos. Episodios trascendentales en su vida que se reflejan en la obra y que son de todo tipo: amorosos, estéticos, sociales….Circunstancias que se contrastan con obras concretas que son analizadas con el detalle y la calidad que sólo un músico como Guell es capaz de plasmar. La novela, o para mejor describir el libro, el conjunto de relatos, en algunos momentos, parece un tratado de estética y de análisis musical. En realidad es una mezcla de novela, ensayo y biografia pero la conexión que el autor tiende entre las obras concretas que analiza y la ficcionada vivencia personal del compositor ayudan a darle ese conseguido toque literario.

  • Los prisioneros del paraíso, de Xabier Guell. Ed. Galaxia Gutenberg

Nuevamente el músico/novelista Xabier Guell que en esta ocasión aprovecha una historia real y bien documentada para tejer una novela “sobrecogedora”. El cruel destino de los mejores compositores checoslovacos del primer tramo del siglo XX: Hans Krasa, Viktor Ullmann, Pavel Haas y Gideon Klein, vanguardia de la época, que fueron gaseados por los nazis en Auschwitz. Pero antes de su asesinato pasaron una temporada en el campo de concentración de Terezín, donde el régimen nazi se permitió el cinismo, con la colaboración de la Cruz roja internacional, de crear un ghetto “amable” ante el mundo donde los artistas recluídos, judíos y comunistas, pudieran desarrollar sus cualidades. La descripción de la crueldad salvaje del exterminio nazi y de cómo el ser humano puede transitar por esos territorios de maldad absoluta, han sido ya descritos aunque siguen sobrecogiendo y no está nada mal recordarlos de vez en cuando. Pero en esta ocasión la cuestión es si la música puede ayudar a sobreponerse a esa crueldad ¿puede hacerse música en medio del horror? ¿puede ayudar a mantener un último reducto de dignidad frente a la barbarie?. La rota historia de amor de uno de los músicos, Hans Krasa, con una gerifalte nazi – auténtica desertora de clase, que sin embargo es la única que se salva al final – completa la descarnada descripción del hundimiento de toda esperanza artística y humana. La narrativa de Guell tiene algo de sinfónico y aunque la historia que nos narra puede estremecernos los recursos narrativos que emplea no son tremendistas; más bien el ritmo del relato y las imágenes que va evocando tienen la armonía de una partitura orquestal. La novela requiere concentración…y respeto.

  • Doktor Faustus, de Thomas Mann. Edhasa

La he dejado para el final porque esto son palabras mayores y merecen una detallada reflexión. Confieso que cuando, siendo aún más joven, empecé a leerla por un cierto prurito de distinción la novela se me apoderó. Ahora que soy “menos” joven, sin embargo, la he disfrutado con una reposada y al mismo tiempo inquietante lucidez (bueno, parece que hablo como el propio narrador). No cabe duda que estamos ante una de las grandes obras maestras de la literatura universal y eso es mucho.

La novela es la biografía del músico –de ficción, que nadie lo busque en la Wikipedia – Adrian Leverkühn narrada por un amigo, el profesor Serenus Zeitblom, quien atormentado por las experiencias vividas al lado del genial músico se pone, nada menos que en el año 1943 en un espacio de tiempo que llegará hasta abril de 1945, a escribir unos recuerdos que son la vida misma que ambos compartieron. Aparentemente es la biografía inventada de un músico de ficción que como dice el filósofo Eugenio Trías evoca una mezcla de Schönberg y Niestzche pero es mucho, mucho más.

Los primeros capítulos sobre la infancia y juventud de ambos, biógrafo y biografiado, en la profunda Sajonia-Turingia, en ese país donde nacieron y vivieron Bach y Lutero, fueron la causa del abandono en aquel mi primer intento fallido de lectura. Ahora, repito, los he disfrutado y en especial el dedicado a unas conferencias que daba el maestro de música del lugar que resultan ciertamente impresionantes. Mann describe esa temática musical de La música y lo elemental, o La música y lo visual o Beethoven y la fuga con una ironía y gracia en la descripción de las circunstancias de las conferencias y al mismo tiempo con un conocimiento del tema inigualables. Las referencias filosóficas de esta parte de la novela, y en especial las relacionadas con los estudios teológicos del protagonista hay que tomárselas con paciencia pero son necesarias para entender el contenido puramente musical: “mi fe luterana me hace considerar la teología y la música como esferas vecinas e íntimamente emparentadas y a mí personalmente la música se me ha aparecido siempre como una combinación de teología y álgebra. Hay en ella mucho, asimismo, de la alquimia y del arte negro de pasados tiempos, colocados también bajo el signo de la teología al propio tiempo que de la apostasía. No apostasía de la fe sino en la fe”. Con esta reflexión, entresacada de otras muchas que desarrolla el protagonista, no es de extrañar que alcance un pacto con el diablo. El trato “dialogado” en un capítulo con el Diablo establece unas condiciones claras: a Adrian le será concedido tiempo de gloria, creación y fiebre, una exaltación estupenda del espíritu que pasará por encima de las trabas de la moral y la razón. A cambio, él deberá renunciar a todo trato humano. Su relación con el arte será solitaria y dolorosa. Y desde luego, deberá entregar su alma al término del plazo concedido.

Paralelamente, y abonando la discusión sobre si la revolución estética del serialismo contra la música burguesa corre pareja o es resultado de la propia evolución política que representa la experiencia nacionalsocialista asistiremos al ambiente pan germánico y a la fabricación de sus monstruos. Todo ello con una narración pausada, con una prosa engañosamente sencilla, que nos atrapa como alguien ha descrito con una musicalidad “mahleriana”.

El compositor cree que “es preciso ir más lejos y con los doce peldaños del alfabeto templado semitonal construir palabras de más volumen, palabras de doce letras, combinaciones e interrelaciones de los doce semitonos que sirvieran de pauta para la obra, fuera ésta del género que fuese. Cada nota de la composición, melódica y armónica, debiera justificarse por su relación estricta con esta pauta fundamental. Ninguna debiera repetirse sin que hubiesen aparecido ante todas las demás. Ninguna debiera aparecer si no es para llenar en el conjunto estructural una función motivada”. ¿Os suena bien?, ¿o mal?. Para Mann la inspiración de esta revolución crítica con el patrimonio musical de los quinientos años anteriores es directamente demoníaca, el propio Satanás en el diálogo en el que encandila al protagonista señala que “Esto se acabó amigo. La crítica de lo ornamental, de lo convencional y de lo general abstracto son una y la misma. Lo que no resiste a la crítica es el carácter ficticio de la obra burguesa, en la que la música, aun cuando sin expresarse en imágenes, tiene su parte. El no expresarse en imágenes representa ciertamente una ventaja de la música sobre las otras partes, pero la infatigable reconciliación con el imperio de lo convencional constituye su interés específico y de este modo ha participado, según sus fuerzas, en la consumación del gran engaño. La supeditación de lo expresivo a la reconciliación con lo general es el principio básico de la ficción musical. Pero esto terminó, la idea de atribuir a lo general un superior contenido armónico se desmiente a sí misma. Pasó el tiempo de las convenciones previas y obligatorias que garantizaban la libertad del juego”. Casi nada… yo antes de entrar en discusión con el diablo en esos términos tan profundos pediría el comodín de ayuda de nuestro director/ profesor de filosofía.

En fin que el novelón se las trae. Doctor Faustus es un frenesí de personajes (muchos), ideas filosóficas y políticas (todas) y música (real y de ficción). La vida del músico Adrian oscilará entre la fiebre creadora y los periódicos ataques de migraña que le sumen en el silencio. Le veremos convertirse en un genio ignorado por su época. Alguien ha dicho que la historia del Doktor Faustus es la historia alegórica del arte moderno: la ingenuidad ya no es posible, el artista ya no se permite a sí mismo nada, y necesariamente ha de entrar en el peligroso terreno del cinismo y la altivez intelectual. Ese es el auténtico pacto demoníaco del que trata Mann, y que pervierte la relación del artista con su obra. Casi nada.

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