PAVANA PARA UNA INFANTA DIFUNTA. M. Ravel

Maurice Ravel

(Por Miguel A. Beguería)

Esta obra, Pavana para una infanta difunta, se ha convertido con el tiempo en una de las obras de Ravel más interpretadas y con más ediciones discográficas. Pero el autor del famoso Bolero siempre consideró su Pavana como una obra de estudiante, de poco valor, y le sorprendió la creciente fama que con el tiempo iba adquiriendo la obra entre intérpretes y público; no obstante, él mismo, ante el éxito inesperado y al igual que había hecho con otras obras suyas, creó una versión orquestal. La orquesta raveliana para la ocasión es una orquesta sinfónica completa, con todas las secciones de cuerdas, maderas, metales y percusión. La versión de Tutti 2.0 es una adaptación o arreglo para orquesta de cuerdas.

Maurice Ravel nació en Ciboure, en el País Vasco francés, en 1875. Allí vivió pocos meses ya que la familia tuvo que trasladarse a París por motivos de trabajo. Hasta los 25 años no volvió al sur, a su tierra natal, pero desde entonces procuró cada verano pasar unos días en San Juan de Luz. Siempre se sintió muy ligado a esa tierra que identificaba con España. Su madre era de origen vasco español y parece que siempre le mantuvo cercano afectivamente a esta tierra. De hecho, Ravel compuso numerosas obras de inspiración española, como la Habanera, la Rapsodia Española, Don Quijote a Dulcinea, la Pavana para una infanta difunta y la más famosa de todas, el Bolero. También le inspiró el mundo gitano en obras como Tzigane, una de las piezas virtuosísticas preferidas por los violinistas.

Ravel, compositor ecléctico por la influencia de tantos géneros y estilos musicales, se acercó con frecuencia a las músicas antiguas recreándolas posteriormente en un estilo neoclásico de gran riqueza armónica y tímbrica, como La Tumba de Couperin. En este ambiente hemos de situar la obra que comentamos, Pavana para una infanta difunta. Parece que su madre le cantaba viejas tonadas españolas que siempre recordó y él mismo se acercó con frecuencia al repertorio de nuestro país. La obra que nos ocupa evoca un cuadro en la Corte Española, en el siglo XVII, en el que una infanta baila la pavana, una danza solemne y procesional. Se ha intentado identificar el momento histórico y los personajes que intervienen en la descripción musical, aunque parece que no hay una referencia histórica concreta sino más bien una visión idealizada de la corte española de aquel tiempo. Se trata de la recreación de un instante en tempo lento, como si de un cuadro de Velazquez se tratara, en el que, cabe imaginar, la Princesa Margarita Teresa baila una pavana ante la mirada de su padre Felipe IV y la corte, todo dentro de un ambiente de melancolía y sentimentalismo.

Como se ha dicho arriba, la obra es composición de estudiante, en ese momento discípulo de Gabriel Fauré y todavía muy influido por su admirado Chabrier. Al autor no le gustaba demasiado por su pobreza formal. La pieza, desde el punto de vista formal, es muy sencilla. Su estructura es A-B-A-C-A. El tema principal suena directamente al comienzo, al final y en el centro de la pieza y de forma alterna aparecen otros dos temas independientes. Desde el punto de vista armónico tampoco hay complicación alguna. Es de carácter modal más que tonal. El tema principal está en sol mayor con cadencias en el tercer grado. No hay acordes con función de dominante. La sección C está en sol menor y es la más claramente tonal por su final con los acordes dominante-tónica. Armónicamente utiliza con profusión séptimas, novenas, oncenas lo que otorga a la pieza una gran riqueza tímbrica y colorista.

La obra para piano la estrenó su amigo el español Ricardo Viñes con gran éxito. A partir de entonces se convirtió en una pieza de repertorio habitual. Los pianistas comenzaron a exagerar el aspecto tenebroso, que la obra no tenía, tocándola cada vez más lenta y amanerada, irritando de esta forma a su autor que era especialmente riguroso con los intérpretes a los que no concedía la menor libertad para salirse de lo indicado en la partitura. En una ocasión, Ravel escuchó la lentísima interpretación de su obra a un pianista famoso. Al final, el pianista vino a saludar al autor esperando recibir los elogios por su interpretación. Ravel le comentó: “No sé si se ha dado cuenta que la obra se titula Pavana para una infanta difunta y usted ha tocado Pavana difunta para una infanta.

Para terminar me gustaría recomendar un libro poético y evocador del mundo de Ravel. Se trata de una novela-biográfica o biografía-novelada de Jean Echenoz titulada Ravel en la que se relatan los últimos diez años de nuestro autor. Con un estilo exquisito, el autor recrea el misterioso mundo de este hombre que trabajaba y viajaba incansablemente para convivir con su soledad. Una obra de gran belleza literaria.

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