STEPHEN COLLINS FOSTER

Stephen Collins Foster

Una de las características consideradas esenciales de la música folclórica es el desconocimiento de su autoría y el sentimiento de pertenencia a toda una comunidad. Para que esto ocurra es necesario que esa comunidad posea un amplio pasado en el que se pierden los orígenes de esa música. Los Estados Unidos de América carecen de ese pasado y en consecuencia de folclore en sentido estricto, exceptuando, obviamente, aquel que trajeron en su equipaje cultural sus emigrantes irlandeses, ingleses, italianos, etc.. Sin embargo hay un puñado de canciones que tienen autor conocido y pertenecen al sentir colectivo del país como si se tratara de auténtico folclore americano. Estas canciones, entre otras, son las de Stephen Collins Foster.

Foster escribió 285 obras, entre canciones, himnos, marchas, obras instrumentales, etc. Todas ellas en diez años, aproximadamente. Muchas de estas obras se han olvidado mientras otras son tan conocidas que forman parte de la denominada tradición musical americana. Todas las piezas de nuestro autor son de estructura muy sencilla: periodos de ocho compases, armonías que no van más allá de tónica-dominante y relativos.  A pesar de la sencillez formal sabemos que la composición de estas obras fue fruto de mucho esfuerzo y correcciones constantes. Foster es autor de las letras, además de las melodías. Necesitó, por ejemplo, todo un verano para terminar la letra y música de My Old Kentucky Home. A veces cambiaba completamente las letras dependiendo de sus variables estados de ánimo.

La familia de Stephen Foster gozaba de cierto acomodo social y económico. En su casa en Pensilvania se cultivaba un ambiente artístico y musical. Sus hermanas tocaban medianamente diversos instrumentos musicales y nos podemos imaginar fácilmente a Stephen, un muchacho inquieto y sensible, participando también de esta afición familiar. Foster no gozó de una buena formación musical académica. Tuvo dos maestros muy diferentes pero que influirían decisivamente en su forma de entender la música: uno fue el dueño de un almacén de música que tenía formación clásica; le enseñó a escribir música y los rudimentos de composición. El otro fue un “entertainer”, un entretenedor, un payaso que se pintaba y cantaba canciones para divertir a su audiencia.

En 1846, a la edad de veinte años, Foster trabajaba de contable en la empresa de su hermano. La crisis financiera de 1830 unida a la afición del padre a la bebida obligó a la familia a cambiar de residencia varias veces, siempre rebajando su estatus social. Todos estos acontecimientos familiares influyeron en el joven Stephen para que sus intereses se decantaran más hacia el mundo de poetas y escritores que al de los negocios. Así que  en el momento en el que una de sus canciones alcanzó notoriedad tomó la determinación de dedicarse profesionalmente a la música. Que alguien se dedique profesionalmente a la música popular no resulta extraño en nuestro tiempo pero Foster no tenía antecedentes: él fue el primer músico profesional de América. Fue un acto realmente de valentía. A veces se dice de él que es el primer cantautor propiamente dicho en la historia de la música.

Un género que Foster apreció y al que dedicó parte de su música es el de los “minstrels”. Es este una especie de teatro musical de variedades típicamente americano. En él, músicos y cantantes blancos representaban episodios de la vida de gentes de color tal y como aparecían a la vista de los blancos: naif, descuidados y amantes de la naturaleza. Para conseguir mejor sus propósitos de agradar a su audiencia a cualquier precio, pintaban sus caras de negro y hacían payasadas en escena. Foster escribió muchas conocidas canciones para el famoso “Christy’s Minstrels”, como Oh, Susana, Camptown Races, Old black Joe, entre otras. Foster rebajó el tono racista, a veces muy fuerte, de otros autores. Paradójicamente aunque la mayoría de estas canciones tratan temas del sur, Foster nunca vivió allí y solamente estuvo en Nueva Orleans en una ocasión, durante su viaje de novios.

The Christy Minstrels fueron también quienes presentaron la canción My old Kentucky home, mi viejo hogar en Kentucky. Probablemente el autor se inspiró en su composicón en la famosa novela “La cabaña del tío Tom” que tuvo tanto éxito en el explosivo ambiente esclavista y antiesclavista de la época. En el borrador, la canción se titulaba “Poor uncle Tom, good night”, Pobre tío Tom, buenas noches. Es una canción especialmente melancólica y se interpretó como propiciadora de corrientes abolicionistas. Describe una escena de la vida diaria de un esclavo en una plantación y alcanzó fama en las representaciones de minstrels. En 1928 fue elegida por las autoridades del estado como canción oficial de Kentucky aunque fue acusada de matices racistas por el único miembro de raza negra de la asamblea. La letra fue revisada para hacerla políticamente aceptable y se cambió la palabra “darkies”, oscuros, negros, por people, “gente”.

En 1861 estalló la guerra civil. Foster no estuvo interesado en la contienda al principio y no fue consciente de que esta guerra albergaba entre sus objetivos la abolición de la esclavitud. Sus canciones románticas dejaron de interesar a la gente y más por necesidad que por convicción comenzó a escribir canciones relacionadas con la guerra que ahora nuestros oídos  acostumbrados a escucharlas en películas de época asocian al patriotismo americano. Así nacieron canciones como When Johny comes marching home, The Battle Hymn of the Republic, Dixie’s land, Glory Glory Aleluya y otras muchas.

Sus ingresos como compositor fueron siempre escasos. Los editores obtenían ganancias editando sus canciones pero éstas no alcanzaban los bolsillos del compositor. La célebre Oh Susana, cuyos derechos de autor en la actualidad generaría pingües beneficios,  reportaron a Foster la suma de 100$ que fue todo lo que el editor consideró que valía la canción. Al final, abandonado de su esposa y sus hijos murió sólo en la habitación de un hotel barato. Tenía 37 años. En sus bolsillos se encontraron unos pocos centavos y un papel en el que había escrito la enigmática frase: “dear friends and gentle hearts”. Podía ser el título de una canción… o una despedida.

La conocida canción Beautiful Dreamer se publicó póstumamente y se dice que fue la última canción compuesta por Foster. Es una serenata que un amante canta a su “bella durmiente” que podría se una muchacha muerta, tema frecuente en este autor, como en las canciones dedicadas a Annie, Laura Lee y Jeanie.

La Orquesta Tutti 2.0 incluirá en el próximo programa una selección de canciones de Stephen Foster, arregladas para cuerdas y coro a tres voces por Miguel A. Beguería, y que interpretará en colaboración con el coro zaragozano “Locus Amoenus”.

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