VALSES NOBLES. F. Schubert

(Por Miguel A. Beguería)

F. Schubert (Colección Tully Potter)

Cuando Franz Schubert murió a la temprana edad de 31 años fue despedido por sus amigos como el más grande compositor de canciones de todos los tiempos. El título de mejor compositor de canciones ha permanecido inalterable a través del tiempo y hasta nuestros días. Tras su muerte, el mérito de compositor de canciones fue poco a poco ampliándose a otros ámbitos musicales, nunca reconocidos en vida por el público asiduo a los conciertos, como la obra pianística, camerística o sinfónica, para que ésta experimentara finalmente la gran difusión de que gozó. A medida que pasaban los años y la fama de nuestro autor crecía, los amigos, editores y familiares descubrían cientos de manuscritos o pequeñas ediciones de obras que estaban prácticamente desaparecidas y olvidadas y a las que, por primera vez, se reconocía su excepcional valor musical. No eran obras menores. Robert Schumann, en una visita a Viena, descubrió por casualidad nada menos que la sinfonía en Do mayor, la grande, que entregó a Felix Mendelsshonn y que estrenarían más tarde con gran éxito. La sinfonía grande, igual que la Inacabada y todas las demás nunca pudo escucharlas su creador más que a través de modestas interpretaciones entre amigos.

Estas situaciones tan paradójicas nos sumen a menudo en la más absoluta perplejidad cuando nos asomamos a la historia. Franz Schubert es reconocido ahora como uno de los autores de primerísima fila del romanticismo centroeuropeo y, en general, de todos los tiempos. Pero en el momento que le tocó vivir, sólo un puñado de amigos y admiradores reconocieron el enorme genio del compositor. En estos círculos, formados por la bohemia vienesa junto con otros jóvenes de la burguesía, es donde Schubert podía encontrar el clima adecuado para interpretar las numerosas obras que incansablemente iba componiendo. Estas reuniones artísticas se conocían como “schubertiadas” y en ellas, poetas, cantantes, compositores, leían, recitaban interpretaban sus obras. Schubert fue maestro de escuela y podría haber vivido decentemente de esta profesión que aprendió de su padre. Pero se iba del aula a la primera oportunidad que se le presentaba y pronto abandonó definitivamente la profesión para entregarse de lleno a la música. Sin embargo, nunca encontró un puesto de trabajo que le permitiera vivir de la música y tuvo que recurrir a sus amigos siempre y a lo largo de su vida para no pasar hambre y necesidades. A falta de puestos de trabajo estables no tuvo más remedio que recurrir a trabajos ocasionales, a escribir música para el teatro con promesas de éxito que casi nunca se cumplían, o a enseñar a tocar el piano a damas de la burguesía y la aristocracia. Muchas obras para piano tienen este origen pedagógico, fatal circunstancia que ha contribuido a ubicarlas injustamente en el archivo de las obras menores, insustanciales y poco aptas para oídos selectos.

La juventud de nuestro autor, con momentos de alegría junto a otros de profunda tristeza propios de una personalidad bipolar, fue tornándose cada vez más sombría. Aumentó su afición al alcohol, a los mesones y a los burdeles. Cuando a los 30 años se le presentó un cuadro de fiebres tifoideas, su organismo castigado por una avanzada sífilis y medio envenenado por el mercurio que tomaba como medicina contra esa enfermedad, no pudo resistir mucho tiempo. Otro caso de un genio con la vida truncada en su primera juventud.

El autor de los Valses Nobles nos ha legado para el piano una estupenda y variada colección de marchas, danzas, valses, además de las numerosas sonatas. Todas ellas fueron consideradas como música de salón, de escaso valor musical y han sido necesarios casi cien años para recuperar el prestigio del pianismo de nuestro autor, para que sus obras figuren actualmente en el repertorio de los más grandes pianistas y sean objeto de grabación por las firmas discográficas más prestigiosas. En estas obras menores no hemos de buscar las profundidades románticas de otras, como en los cuartetos o en las sinfonías, ya que fueron escritas para sus alumnos o para diversión en las schubertiadas. Pero descubriremos el encanto de composiciones ejemplares desde el punto de vista formal y un uso característico de la tonalidad y la modulación. Schubert escribió unos cien valses para piano entre los que destacan dos colecciones, la Op. 50, con 34 Valses Sentimentales y la Op. 77 con 12 Valses nobles. 

La versión orquestal del programa de Tutti 2.0 es obra de Wolfgang Fortner que selecciona 10 de la colección de valses nobles. W. Fortner fue un compositor alemán con una obra abundante y variada así como escritor de libros relacionados con la música, la musicología y la pedagogía. Murió en 1987.

Maurice Ravel en varias ocasiones se sintió atraído por la música en 3/4 dejando obras preciosas como La Valse o los Valses nobles y sentimentales. Esta última obra, como se puede sospechar por el título, es un homenaje a Schubert. Inicialmente escrita para piano fue orquestada más tarde y destinada al ballet. Son ocho valses de gran ligereza y gracia escritos con el lenguaje moderno que se denominó, por imitación a la pintura de su tiempo, impresionista. Aunque este término nunca le gustó al compositor.

Tanto los valses de Schubert como los de Ravel pueden escucharse en varias versiones desde la página de internet grooveshark.com.

Schubertiada en casa del amigo J. von Spaun

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *